la risa y el olvido

Son las palabras que me vienen a la cabeza cuando pienso en mi “tita”. Superaba los ochenta años, aunque desde antes de los 70 padeció la enfermedad del olvido, hasta que dejó de hablar, y solamente sonreía.

Es curioso, pero en su entierro, en cierto modo fue “recuperar su memoria”. Si, enterramos a esa mujer trabajadora, que se fué a Barcelona a limpiar casas de señoritas, que apreciaban la forma de ser alegre de una mujer luchadora. Su vida no fué fácil. Pero siempre, siempre, tenía una sonrisa en sus labios, y esas palabras necesarias para hacer sentir bien a los demás.

Si… recuerdo todo el consuelo que me distes en todas las ocasiones que me ví desesperada. Recuerdo que me dolía la tripa de tanto reir cuando te ponías a hacer imitaciones. Recuerdo tus mimos. Tus besos.

Te recuerdo.

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