Historia IV.

(Escrito rescatado)

Ella se ha despertado, se gira y observa al hombre que hay a su lado. No es su cama, no son sus sábanas. La noche ha sido excitante. Las sensaciones han sido intensas. No lo esperaba así.. es más, sus perspectivas no era el comenzar.. “algo”, sino solo … no sé, ni tan siquiera sabía que quería.

Iván, ese era su nombre. Estaba a su lado, de espaldas y podía ver una esbastica tatuada en su espalda. Uhm, era un hombre dulce, y a la vez desafiante. No sabría como encajarlo en los perfiles que solía hacer en su trabajo. Ella se dedicaba a la psicología, y a bucear en las cuentas de correos de los que eran investigados. Si, su trabajo era interesante, y le había hecho conocer que todos tenemos que ocultar, que no somos tan coherentes como nos creemos, ni tan fieles, ni todo lo que decimos es verdad, ni tampoco mentira.

Lo había conocido en un chat, era su forma de conocer a gente, aunque siempre tenía la mala costumbre de meterse en sus cuentas de correo, y según viese, continuaba o no. Pensaba por supuesto que no era ético, ni correcto, pero ella no se lo iba a contar a nadie, sencillamente quería asegurarse de que había un mínimo de confiabilidad en la persona con la que quedaba. Primero un café, y si después todo evolucionaba bien… pues a quien no le gustaba una historia de amor.. eso si, cortita, porque enseguida se cansaba o se cansaban. No es que hubiera tenido muchas.. pero había tan pocas personas que encajasen en su perfil.

Había conocido a mucha gente, en persona pocas, pero él.. .. él era diferente. Su mirada, la retaba, y eso era algo que le producía una excitación especial. La cabeza rapada le daba ese aire de chico duro que dulcificaba en la sonrisa. Y no dudaba de cada palabra que salía de su boca. Sabía que podía confiar. Extrañamente confiaba en él.

– ¿En qué piensas? – esa voz rompió la habitación. – ¿Te ha asustado mi tatuaje?

Ella sonrío pero no se atrevía todavía a romper esa barrera , ese límite. Su asociabilidad, su tímidez, la hizo no abrir la boca.

Él se giró, y la miró directamente a los ojos.

– ¿Nena, tienes miedo?

Y ella, con su sonrisa serena movió la cabeza diciéndole que no.

– Sabes…. quiero saber más de tí…  me gustas, no sabes hasta que punto.. y quiero tenerte cuanto más mejor.. ¿estás deacuerdo?

Ella asentía con la cabeza, sintiendo en su estómago un revoloteo de mariposas…

iv

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