Ernesto y Mónica: III

Ernesto miró la hora.. era  medio día. Miró a su derecha y alli estaba ella, envuelta en la sábana, satisfecha, o eso parecía.
Dormida, se la veía tan… inocente. Como era el mundo de los sueños, como nos transportaba a otra dimensión, y relajaba los cuerpos, los rostros.
Se dirigió a la ducha, necesitaba refrescarse, y renacer en la ducha. Su cabeza era un hervidero de pensamientos. Como había cometido la locura de venirse al viejo mundo, encontrarse con Mónica, y empezar algo que no se sabe a donde irá, seguramente a ningún sitio, solamente sexo. ¿Porqué quería convertirse en el salvador de ella? Si, estaba perdida, eso se veía. Sus ojos parecían tristes siempre, y eran hermosos, de un azul intenso, su piel, blanca y suave, sus cabellos rojizos. ¿Cuál era la historia de Mónica? Bueno, intentaría descubrir lo que pudiera.
El agua de la ducha templada, su cuerpo se relajaba debajo de ella. Estaba tan dolorido, sonreía. Si, la había disfrutado del cuerpo de Mónica hasta la extenuación. Habian sudado, gritado, reido. Gemía bonito, muy excitante ese gemido.. pero no el de las primeras veces.. la última vez.. esa vez, ha gemido más con el alma que con el cuerpo. En ese momento que la he  mirado mientras lo hacía, y sus ojos me buscaban, y su boca se entreabría con sensualidad, con lujuría, y me ha vuelto loco.  Y después.. a los minutos, se ha quedado recostada y dormida, suavemente dormida.  Es curioso que todavía no he podido ordenar mi sueño, mi descanso, mi día, mi noche.. pero bueno, hoy la convenceré para dormir a horas normales..  Se aclaró el jabón, se secó.
– Mónica, amor… despiertate… – le dijo en un susurro en el oido.
Ella sonreía, y se estiraba. Se volvió hacia él, se la veía tan satisfecha, tan plena… demasiado para que fuera solo sexo.
– Dime Ernestito.
– No me llames así…  anda..levantate que te voy a hacer un riquisimo desayuno, y nos vamos a ir a pasear.
– Nooo, quedémenos aquí.
– ¿Quién manda aquí señorita Mónica?
– Yo.
– Jejeje, pero quien es tu invitado, que va a hacer que vivas experiencias nunca antes vividas???
– Tú, mi pinche.
– Pues, entonces, ducha, vaqueros, camiseta, y a la cocina, que te voy a hacer el desayuno.
Él dejó caer la toalla al suelo, mientras ella observaba su hermoso cuerpo moreno, como se acomodaba unos boxer, unos vaqueros, y una camiseta. El rostro de él…  le recordaba tanto a Juan, pero Érnesto era más intenso, era como un café muy cargado, te llenaba de energía, y era pura vida. Debía de alejar esos pensamientos, porque sus defensas se estaban desmoronando…
Como cualquier pareja, iban los dos de la mano, con vaqueros, camiseta, chanclas y una gafas de sol. Mónica todavía tenía el sabor del café, y de esa especie de tortitas que él le habia preparado. Lo miraba. Era hermoso, o a ella le parecía hermoso no sabría decirlo. Y .. en esos días, estaba haciendola tan suya, que ya el olor de su piel, lo había interiorizado. La suavidad de sus manos en su cuerpo. De su rítmico acento, a veces en un susurro, a veces en una sonrisa. Se estremecía al pensarlo, volvió a mirarlo,y a retener esa imagen, la mano cálida en su mano, entrelazada, su rostro. Porque no parar el tiempo, el espacio, todo, y hacer eternos esos días, en los que alguien la mira viéndola. Alguien que la ama amándola.  Alguien, que la lleva de la mano a la orilla del mar, que quiere que coma, que duerma, que pasee, que quiere… que ella rompa con lo que la daña.

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