El Alquimista del Deseo

@republicado.

El Alquimista del Deseo

Estaba rodeado de probetas y tubos de ensayo. Una bata manchada del color del arco iris, todo lleno de humo rosa, que hacia pensar que se estaba en otra dimensión.

– ¿Señor Alquimista?

Una voz de repente había roto el silencio y la tranquilidad de su laboratorio, uhmmm quien era, y que querría.

– Aquí estoy, ¿quién eres?

– Soy la Desilusión.

Paró un momento su actividad, dejó la probeta con el líquido rosa encima de la mesa. Se volvió y la miró… era su oportunidad. Uhm, la observaba como quien observa a un ser inferior. Era una mujer sin encanto, con las ropas harapientas, sucia, con heridas, el cabello hecho un nido. Si, era el ejemplar apropiado para probar su nueva fórmula.

– He elaborado una fórmula magistral, que igual pudiera serte útil, mientras.. probamos si funciona bien. Según la fórmula, debería de servir. He mezclado lujuría, sensualidad, sexualidad, miradas brillantes, labios provocadores, sonrisas incitadoras, y… todo eso te haría ser bella y recobrar la Ilusión. Pero como todo, siempre hay una posibilidad de que no salga bien.

– Me dá igual Sr. Alquimista. Peor, no puede ser.

Y mientras lo dijo su rostro era el rostro de haberse dejado vencer por los malos momentos, por los sinsabores del día a día, y que poco a poco la Ilusión se había escapado con las lágrimas y la desesperación, quedando un rostro de desilusión.

El Alquimista, con su mirada que en ese momento era capaz de ver y mirar más allá de las mezclas y sinfonías que conseguía en su laboratorio, se conmovió ante la desesperanza, la desilusión, y el dejarse llevar.

– Ven, todo va a salir bien.

Colocó a la mujer a su lado, se concentró, se acomodó bien las gafas. Se hizo con una cubeta grande, en donde fue incorporando las distintas esencias, añadiéndolas con mucho mimo. Cuando acabó, el olor del laboratorio, no era el mismo, olía a sándalo, a dulces aromas de oriente. Sin pensárselo mucho, duchó a la muchacha con el colorido líquido, y .. en una nube de estrellas multicolores, renació la Ilusión. Ahora, allí, en su laboratorio, una mujer sensual, que lo miraba con deseo, con atributos más que suficientes para ser deseada, con una piel suave, blanca, brillante, con unos intensos ojos verdes, con unos hermosos cabellos trigueños suaves, que le caían largos a través de su espalda hasta más allá de sus caderas.

Ella, provocadora, sabiendo quien era el objeto de su deseo, le quitó las gafas al Alquimista del Deseo, se acercó, lo beso ardientemente y le preguntó:

– ¿Me deseas?

– Ahora mismo, no hay nada que desee mas que la Ilusión.

alquimista

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