ser feliz

Amanecía entre los brazos de él, su Poseidón. El Dios de los mares, que la había rescatado de su insulsa rutina, de su insulso transcurrir de los días y los años. Ahora, todas sus oraciones, en el templo, como monja vestal de las divinidades sagradas, con su cuerpo dibujado y tatuado de henna, dió paso a las dudas y a los porqués, hasta que apareció él.

Su fortaleza física, su dulce mirada verde, su barba entrecana, y todo el brillo que desprendía su ser, la dejó sencillamente asombrada. No existía nada antes que él, todo había perdido importancia. La magestuosidad, y la delicadeza que desprendían sus palabras, sus gestos.. todo, lo llenaba.

Hay una línea fina que nos separa de quienes somos, y de quienes podemos ser. Y ella, la había traspasado de su mano. Ahora sentía la calidez del cuerpo de su Poseidon, y ella, se sentía tan suya, él que con tanta delicadeza y pasión le dedicaba cada día.

Símbolos, gestos, rituales, ellos eran todos y ninguno, porque no necesitaban mas que compartir ese universo. Ir juntos al mercado para comprar queso, y ese besugo que su dios del mar cocinaría, ir a la ferretería, , compartir un café, entre miradas intensas, y labios que se buscan labios que se encuentran, criaturas de mar en tierra.

No existe mas que el presente.. carpe diem.

ser feliz

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