corazón

Llueve y me pregunto el porqué de muchas cosas.

Los pensamientos, esos inquilinos continuos de mi mente que quieren analizar y desmigajar miles de porques.

Acompaso sentimientos, sensaciones, emociones, y pienso que voy nadando, sobreviviendo a cada obstáculo, y que ahora que parecen que las aguas están calmadas, estoy viendo el fondo, en el que nunca reparo, y estoy asombrada porque me hacen recapacitar y ser consciente de mi cuerpo, de mi alma, de mi sonrisa, de mis lágrimas.

La lluvia maleducada me moja el abrigo, los pantalones, cala las botas y humedecen mis pies.

Me he mirado en un espejo; creo que últimamente he estado descentrada.

Quiero cultivar mi alma con las palabras que me hacen vivir y respirar como yo quiero, desde la compasión hacia los demás, la solidaridad, la amistad, la de saber que el compartir entre quienes vuelcan sus inquietudes para quien quiera asomarse por un ratito, y profundizar en los otros.

Porque no somos islas desiertas, somos islas llenas de afecto, de compresión, y necesitamos de otras islas; nos gusta ser archipiélago de historias, de vidas, de sueños, de relatos, donde todo cabe, y la amistad es ese mar que nos comunica, y las palabras esos puentes que elevamos de unas a otras.

En el colchón mullido de la amistad, descanso de inquietudes, y siento un tremendo consuelo, porque por fin he visto quien soy en el espejo, y mis ojos todavía tienen corazón, siento que late acompasado, y eso me calma.  Necesitaba saberme con latido.

corazon

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