la tetera

Es domingo y ella se levanta en un estado de conciencia  y relajación que no tenía hacia tiempo. Ayer se permitió llorar por su querida ojos verdes, sin problemas de que nadie se sintiera mal porque es evidente la importancia de su amiga.  Medita sobre esa necesidad tan sana de “pararse”. De ralentizar el paso. De cuestionarse. De hacer una auditoría.

Estas últimas semanas ha estado pensando en uno de sus “vicios”… el escribir. El sentarse delante del qwerty y dejar que el pulso de sus dedos sean capaces de escribir sentimientos, sueños, imaginaciones, idealizaciones, realidades, y en cierto modo, ordenar su mente y su pensamiento.

Dibujar con palabras un cuadro impresionista de la vida según sus ojos. Podría decir que quizá es un ejercicio de exhibicionismo, acerca de ella, de sus pensamientos, deseos, sueños, y formas de ver el día a día. Podría ser un ejercicio de “mi, me , conmigo”. O sencillamente podría ser una terapia para gestionar el volcán de emociones que a veces arrasa su razón.

Estaba ella en esas divagaciones cuando escuchó que la tetera empezaba a pitar. Se dirigió diligente a la cocina, con los pies descalzos y aún en pijama. Colocó en su taza preferida una cucharadita de té de frutas, y se sirvió el agua. Esperaría unos minutos, y después saborearía ese té con todos los sentidos. Ya le llegaba a su nariz el dulce olor de las frutas.

Cada vez que la tetera era protagonista, conseguía que la cocina, donde ella disfrutaba de ese momento, de ese kit kat..  los problemas se quedaban detrás de la puerta de la cocina. La tetera era como ese talismán mágico que hacía que todo estuviese en un estado perfecto de serenidad y paz. Donde a su mente solo acudían buenos momentos de risas.. donde  se asombraba de notar que sus labios esbozaban una sonrisa porque sí.

Se sentó en el taburete y sujetando la taza entre sus manos observaba el colorido de las distintas flores que luchaban por romper el verde de las hojas en la primavera. Pensaba en el mar, donde ella perdía su vista y encontraba la tranquilidad. Pensaba en acentos diferentes. Pensaba en que quizá era buena idea romper esquemas.

Impulsos.. (volvía a meditar mientras llevaba la taza a sus labios y el té la hacía sentir especial), si.. impulsos. Cambiar para que todo cambie. Hacer las cosas diferentes.

Empezó a sonreir.. se sentía valiente, se sentía más auténtica, se sentía portadora del secreto de la sonrisa. Sencillamente ser.

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