chocolat 1

La tarde estaba cubierta con el grisáceo de París. En el Jardín de las Tullerías seguía la noria, los puestecillos. Una ciudad que no es la misma sin la melancólica lluvia que suele aparecer alguna que otra tarde.

Ella tenía mil cosas en su cabeza, desde que llegase a la oficina de París, no había tenido mucho tiempo para salir y conocer la ciudad. Mientras caminaba.. recapitulaba.

Había sido agotador buscar apartamento adecuado, cerca del trabajo. El hacerse una especie de “hogar”, durase lo que durase su estancia en la capital francesa. Y .. bueno, de casualidad, como si tal cosa, había bajado al departamento de personal para dar el número de cuenta donde debían ingresarle la nómina, y lo conoció: Albert. Era alto,  fuerte, cabellos rubios, ojos melados que miraban a través de la montura oscura de sus gafas, muy atractivo, sobre todo por una sonrisa dulce y segura que hacía que desprendiera cierta serenidad.

La invitó a sentarse delante de su mesa, y le dió un par de formularios que ella fue rellenando, y firmando, mientras él con gracia y suavidad, fue preguntándole como que había venido a la oficina, si es que no estaba bien en España. Estaba interesado en saber si notaba cambio en la forma de trabajar, si  se había podido instalar bien en la ciudad parisina, pareciese que todo le interesara.

A partir de ese momento, no sabe si por casualidad, o por que él lo buscaba, se encontraba con ella, y encontraba excusa para una conversación, de manera que él averiguó que no tenía pareja, que estaba sola en París, y que había solicitado expresamente cambio de oficina. Todo en aquella nueva compañera se le hacía interesante: Gina. Ya le había preguntado como que una española tenía nombre tan poco español, y entre risas, contó la historia de su abuela, una italiana que se enamoró de un  catalán, y que el nombre pasó a ella, aunque no tuviera rastro de su apellido italiano. Tenía el cabello moreno, con largo hasta los hombros,  sus ojos eran de color grisáceo, con largas pestañas, una boca sensual, y la piel muy blanquita pudiese decirse que nívea. Su figura grácil, y su voz suave, hablaba con un francés bastante correcto, con un acento raro, que no sabría definirse exactamente de donde.

Y ahora ella, se acercaba un poco sin saber como ni porqué, con paso seguro por la rue de Rivoli, a la chocolatería del Hotel.. no recordaba el nombre, pero sabe a la altura que está aproximadamente. Piensa que ha hablado muchas veces con Albert.. no sabé porqué ahora se siente nerviosa. Está llegando, y él está en la puerta, esperándola, y con una fantástica sonrisa camina hacia ella.. sin querer siente que el estómago le dá vueltas.. son mariposas.

– Ma cherie.. mon chocolat.. – y la saluda con dos besos a la costumbre española.

Se quedó  absorta, perdida en la sonrisa de sus labios bien dibujados.. y con la palabra que a partir de ahora tomaría diferentes dimensiones: chocolat.

paris

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