chocolat 3. tic, tac, tic, tac

Tiempo. Si, observo el tiempo. Fluído, denso.

Me levanto pronto, y busco mirar la luz de la mañana, ver las montañas, observar el cielo, escuchar el ruido de la mañana y sentir el fresco mientras sigo en camisón, pensando en como será el nuevo mundo que comienza.

De repente siento tus manos, grandes, cálidas, que me abrazan desde atrás, y las enlazas desde la cintura, y me pegas a ti. Mi espalda descansa en tu pecho, y tu barbilla, se apoya en mi cabeza.

“Ma cherie, ¿qué piensas? ça va?”.

“Pienso en que ocupas todo mi tiempo, y me está dando miedo”.

“No tengas nunca miedo de mi, ma petite.”

“Tú no me das miedo, me dá miedo mis sentimientos hacía tí.”

Con suavidad, él la gira, y hace que lo mire a los ojos. Levanta su barbilla con el dedo índice.

“Escúchame…. yo te cuido. Yo te protejo. Y no, no tienes que tener miedo a sentir. Has estado tan detrás de tu coraza, que no sabes estar sin ella. No es malo sentir sin límites. Relájate… soy yo.”

Y acercó sus labios a los de ella, dejando que poco a poco el menudo cuerpo de ella se acomodara a él,  y dibujar ese amanecer juntos, con la ciudad recién despertada, con el horizonte esperándolos, con todo un día, con sus 24 horas, para ser y estar el uno en el otro.

“Cuídame.”

“Nada me place más, ma cherie”.

reloj de amor

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