asaltador de caminos furtivos

El asaltador de caminos iba enfundado en su capa color azul, montado en su corcel negro, galopando por los diferentes caminos. Sentía la fuerza de su caballo, el viento que le acaricia el rostro, el olor a pino que llenaba su fosas nasales. Se sentía fuerte, poderoso.

De repente escuchó que alguien había en el bosque. Y la divisó. Iba envuelta en una capa verde, con los cabellos largos, sueltos, de un pelirrojo brillante, que resaltaba entre los árboles. Caminaba sola, a paso rápido, quizá huyera de alguien, de algo.

¿Qué haría ella allí, como una ninfa del bosque?

– ¿Hacía donde vas ninfa?

Ella paró en seco, se giró. Sus ojos verde intenso se clavaron en el asaltador de caminos furtivos.

– Camino hacia la fuente de la vida, que está detrás de esas montañas.

– Quisiera ir contigo.

– Eres un asaltador de caminos furtivos, porque habrías de querer ir conmigo hacia la fuente de la vida.

– Porque es lo que me dice mi corazón que debo de hacer. Necesitas protección, te veo.. necesitada de protección.

– No te equivoques, puedo estar sola, puedo parecer desvalida, pero no, mi fuerza está en lo que no ves, en lo que no puedes percibir.

La luz del bosque era hermosa, se colaban los rayos del sol entre las ramas de los diferentes árboles. Ella, con su majestuosidad de ninfa,  despedía esa luz que caracterizaba a las hadas. El asaltador de caminos, bajó del caballo, y  estaba prendado por la belleza y sensualidad de la ninfa, y por esa energía arrolladora que despedía. Conforme se acercaba a ella, más la sentía.

– Me habéis hechizado.

– No, vos, asaltante de caminos,  sois el que me mira, el encanto no puede ser mío.

– Señora, no sabría decir quien es el asaltante.

******* COLABORACIÓN A ESTA ENTRADA********

El águila de plumas doradas, la más sabia del bosque, lo había

contemplado todo desde su rocosa atalaya. No era el primer encuentro que

había visto esa mañana.

– Esta manía de los humanos de llamar asalto a todo… Y encima pensando que no los está viendo nadie.

Le respondió un joven  aguilucho que recortaba su figura sobre el azul del cielo, flirteando con las nubes.

Otro “Quijote” sobre su caballo que cree ver ninfas y princesas. ¿Qué

no le basta con disfrutar de la belleza de esa guapa campesina?  Tan

solo con seguirla… hasta andar a su lado…

El aguilucho se posó junto al águila de plumas doradas.

Ella tampoco quiere ver a un labrador, volviendo de faena, montado en

su caballo. ¿Acaso necesita que sea un príncipe azul sobre un negro

corcel?  Lleva tanto tiempo esperando… cuando es alguien a quien puede

ver a diario…

En un claro del bosque, tras el río, una cierva

se separó de una pequeña manada de hembras elevando su grupa para

llamar la atención del ciervo que las perseguía.

– ¿Por qué se lo ponen tan difícil los humanos, con todas esas capas y esas ropas? Si dejaran sus cuerpos al desnudo…

Decenas

de conejos y otros animalillos corrían en parejas, jugando a esconderse

en sus madrigueras donde tenían todo el abrigo que necesitaban.

¿Cómo que necesitan protegerse los humanos, si somos nosotros quienes

debemos huir siempre de ellos? ¿O es que huyen de si mismos?

Una ardilla macho saltaba de rama en rama, siguiendo aquel encuentro entre ese hombre y esa mujer.

– Claro que nadie asalta a nadie; es solo la atracción, no lo veis. Todo lo que sienten es lo mismo que sentimos nosotros.

Desde un árbol cercano, su pareja roía una piña mientras lo contemplaba todo.

Es pura interacción. No hay hechizo cuando el imán atrae al hierro, ni

hay embrujo cuando el hierro atrae al imán. Se atraen ambos porque se

complementan al acercarse. Y más cuanto más cerca.

Miles de mariposas bailaban de dos en dos, esquivando los rayos de sol filtrados entre el follaje de los árboles.

Ellos se creen más que nosotros pero son tan iguales que caen atraídos

igual que el resto de los animales, llevados por el deseo de sus cuerpos

y por su biología.

Solo el corcel del hombre pensaba de otro

modo. Estaba tan solo en aquel bosque. Solo con la negrura de su pelo,

sintiendo el frío en su corazón.

– No seáis necios y contemplad,

es tan hermosa y tan única esta escena. Ved como se atraen tan solo con

mirarse… ambos ya casi a punto de cogerse de la mano.

El Sol

se movió lo justo para que un rayo cayese sobre sus dedos al fin

entrelazados. Su reflejo fue tan intenso que iluminó todo el bosque

cegando a todas las criaturas que miraban,  ocultando la claridad del

propio Sol. A la vez, un trueno rugió más que el más intenso de los

sonidos de la Tierra.

– Claro que no es asalto, ni encuentro,

ni pasión. Claro que no es encanto, ni hechizo, ni buscan protección. No

son príncipes, tampoco campesinos, son seres incompletos. Estas

criaturas buscan lo que les falta, la energía más intensa que existe…

en todo el universo.
Y solo ellos pueden percibirlo de ese modo,

como una lanza que atraviesa a la vez sus corazones. Ese instante tan

mágico no podemos sentirlo. Llamadlo por su nombre; Hoy habéis

contemplado cómo nace el Amor.

Lo difícil ahora para ellos es hacer que esto tan bello se convierta en eterno.

 

 

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