necesito tus palabras

Ella estaba enroscada en su querido Poseidón. Enredaba sus dedos entre el pecho de él. Respiraba su piel. Escuchaba su corazón.

-Necesito tus palabras.

-Mi pequeña sirena…  aquí las tienes.

– Necesito tus palabras.

El comenzó a acariciar su espalda desnuda, a hacer dibujos imaginados, quizá fuesen mares, quizá fuesen fractales, quizá fuese letras enredadas.

-Te amo, y estoy aquí.

Ella sonrío, cerró los ojos y dejó que el constante latir de su corazón la acunara.

Por fin dormía.

Por fin descansaba.

Solamente necesitaba sus palabras.

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