bella

Amanece.
Ella piensa en la nieve. Está casi en agosto, y piensa en la nieve, en la sierra, en ese blanco refulgente en el invierno.
El sol la ciega. Recuerda el reflejo cegador del mar en el sol.
En esos pensamientos mientras escucha el corazón de su amor. Escucha su latir. Cada amanecer en sus brazos es la promesa de que todo cambia para bueno. Sonríe. Él, que ha cambiado sus neuras por calma. Sus inquietudes por serenidad. Que la besa y le sonríe. Que investiga como sorprenderla para hacerle sonreir. Que le susurra…”bella”.
Sabe que es su príncipe azul, porque ha hecho bandera de estar pendiente de ella, de aprehenderla. La escucha. Es tan hermoso como la escucha, y como la hace sonreir.
Él es un soplo de aire fresco, lleno de confianza, de energía, de comprensión, sin temor a la tristeza, con amor.
La delicadeza de un beso.
Lo sublime de una caricia.
El frescor de una sonrisa.
Los proyectos, que son importantes a su lado, pero que lo más importante es el vivir día a día. Llegar a casa, darle el último toque a la comida, y después.. consentirlo. Le encantan los dulces, y ella, se ha nombrado su repostera mayor.
Después de comer cuando cogen posiciones en el sofá, mientras duermen el tour, él le dice que no se cansa de sus dulces postres.

Amor e ilusión, llenos de dulzura y dedicación.

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