el café

La madrugada era sencillamente deliciosa. El fresco de una noche de agosto. Los pensamientos que se agolpan en la mente. El dulce olor del galán de noche. Respirar..  observar.

Delante de un café, que sería el café ..  teclea en su antiguo portátil. Que delicioso el sonido del qwerty, que maravilla el que su mente encuentre sustantivos y adjetivos. Que su imaginación quiera plasmar unos sentimientos, emociones, momentos, un cuadro, un lienzo en tonos pastel.

Recogerse el pelo con una pinza, estar en mallas y camiseta, el oler y saborear a sorbitos el café, el pensar que hay nubes oscuras en todos los cielos, pero que no están siempre. Después de una noche oscura, habrá un amanecer luminoso, donde se despejan las sombras, donde se encuentra la esencia.

Las heridas tienen sentido, porque nos hacen ser quienes somos.

Las sonrisas nos recuerdan quienes somos realmente.

Volver a nosotros a través de la sonrisa, y observar nuestras heridas como vida.

Amar.. este verbo que tanto asusta. Amar y amarnos. Quizá sea lo mejor para las heridas, lo mejor para la sonrisa, lo mejor para una madrugada, para acompañar a el café. Amar.

Porque hasta que no somos conscientes de que ese amor nos hace fuertes, es escudo para cualquier embate por duro que sea, que la conciencia del amor nos hace tener una perspectiva superior.

Ella teclea en una mañana deliciosa de agosto, sintiendo que hace casi que repelus con la terraza abierta, que el café intenso la hace sonreír, mientras suavemente teclea….

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