Cap.2 Investigación Virtual

El día estaba lleno de tareas que hacer. Últimamente entre las empresas que querían saber bien a quien contrataban, los individuos que querían que investigasen a sus parejas, para saber que hacen cuando nadie las vé, y las investigaciones curiosas sobre dossiers de personas, sin saber el porqué y para qué, tenía la mesa llena de post-it de “para ayer”.

Su trabajo, para ella era todo, su centro. Le daba estabilidad y seguridad. Podría haber alguien que trabajase como ella, pero mejor que ella lo dudaba. Pero no por elección, sino porque su mente trabajaba en unos parámetros diferentes. De tanto trabajar binariamente se había convertido en alguien binario. No sabía explicarlo. Y, al vivir con personas que parecen ser de una manera y luego son otras cuando conoces los entresijos de su vida, le había hecho ver que es difícil confiar en alguien. Y de que según las mentiras de cada uno, como podía saberse su verdad.

Cuantas veces había pasado un fin de semana en casa, encerrada de sábado a lunes por la mañana, metida en su pc, chateando, y conociendo a gente. Después era divertido entrar en su IP, conocer sus visitas, entrar en sus cuentas de correo, y saber que escriben, a quienes, qué se envían, de qué manera. Estaba en un punto en que nada de lo que le escribían la emocionaba, porque veía que en muchas ocasiones los mismos mails eran un corta-pega. En cierto modo perfeccionaba su forma de investigar, investigando más, pero en esas ocasiones, por deporte.. y como nadie iba a saberlo…. que más daba.

Pero llegó él. Si, el chico del tatoo, el chico de la determinación, el chico de la mirada dulcemente salvaje. El chico.. que .. decidió no husmear en su cuenta de correo, en su IP, en su teléfono.. pero sabía que .. tarde o temprano miraría, tarde o temprano vería que ..ella era otra más, y que sería el momento de pasar a ser otra menos.

Aunque fuese por una vez.. quería disfrutar del amor confiado, del amor seguro, del amor apasionado, sin límites, dejarse caer en brazos de alguien fuerte, hermoso, y además, que decía cosas tan hermosas.

Sonó el pitido del teléfono. Un sms.

” A las dos y media en el restaurante, “la abuela”, en la plaza Menorca. Te espero.”

Él era un mundo inexplorado, un universo desconocido, pero que la atraía como un imán, y que hacía que todos sus iones estuvieran enfocados hacia él. Sin poder resistirlo un escalofrío cálido la recorrió de pies a cabeza… y una sonrisa nerviosa se colocó en sus labios y seguía mirando el móvil.

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