el grifo

Ella estaba envuelta en su túnica turquesa, descalza, bebiendo un vaso de agua, mirando y sonriendo al grifo. No sabía que había sucedido en su hogar desde que empezó a presidir su cocina. Es como si alguien la hubiese bendecido y a partir de ese momento, su vida fuera a cambiar para ser mejor.

Recuerda como apareció en su vida el grifo. Un día,llegó a su casa del trabajo, y vio a su ogro. Tenía un seductor brillo en los ojos,  y una copa de cava en su mano.

– Mi amor.. te estaba esperando.

Ella no daba crédito a lo que veía y escuchaba. El ogro con el que vivía, era ese  hombre que estaba con vaqueros, un jersey, y estaba.. “sonriendo”. No, no era verdad lo que estaba viendo.

– Siéntate…  he estado pensando mucho en todo lo nuestro, en como te he tratado estos últimos años, y en como, tú,  pacientemente, a cada grito mío, a cada mala palabra, has agachado la mirada y  sencillamente has hecho colchón de mis inseguridades.

– No es necesario..

– Si, es necesario. Mira nena, te he puesto un grifo nuevo.

En ese instante ella se percató del magnífico grifo que estaba ahora en su fregadero.

– Hace años que te venías quejando del grifo.. y hoy, cariño, como muestra de  que he decido escucharte.. lo he cambiado.

Una sonrisa asomó a sus labios, y buscaron los labios de ese alien que estaba en la cocina, porque podía asegurar que no era su pareja. Podría tener su hermoso cuerpo, su  atractiva sonrisa, pero no era él.

Y ese fue el principio. A partir de ese día, ella compartía la vida con un señor amable. Todas las mañanas le sonreía nada mas  abrir los ojos. Le mandaba sms diciéndole lo que la pensaba. A cada dos por tres la sorprendía cocinando él, o llevándola a comer fuera. Cuando coincidían con amigos, no hacía como antes, empezar a sacarle todos los defectos para reírse de ella, sino al contrario, empezó a hablar bien de ella.

No, no daba crédito. En la intimidad, la buscaba, y le susurraba cosas bonitas al oído. La besaba, la miraba, sonreía, y le decía.. “te amo”.

No, definitivamente , el grifo, había traído a su casa a un alien,  y el anterior grifo se había llevado a una persona desagradable, que le hacía la vida difícil, esa persona que día a día le recordaba que ella no era suficiente para él, que no era hermosa, que no era inteligente, que no sabía estar, que ella tenía que darle gracias todos los días porque él estaba con ella.

Ella, sabía que él, no era él. Pensó, que era la recompensa por todo lo que había sufrido, por todo lo que había llorado, por haber llegado al abismo muchas veces. Ese abismo en el que había meditado dar el  paso que no tenía vuelta atrás.

Pero si, había una hada madrina, en algún lugar, había llenado de todo el amor el grifo mágico, para que mientras él lo colocaba, fuese capaz de ver que ella, a pesar de las humillaciones, las voces, las malas palabras, las lágrimas, seguía con él, a pesar de todo.

Ella seguía mirando el grifo. Se acercó, y lo besó. Era absurdo, pero necesitaba darle las gracias.

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