Eva

Historias de amor.

Ella se ha despertado, se gira y observa al hombre que hay a su lado. No es su cama, no son sus sábanas. La noche ha sido excitante. Las sensaciones han sido intensas. No lo esperaba así.. es más, sus perspectivas no era el comenzar.. “algo”, sino solo … no sé, ni tan siquiera sabía que quería.

Iván, ese era su nombre. Estaba a su lado, de espaldas y podía ver una esbastica tatuada en su espalda. Uhm, era un hombre dulce, y a la vez desafiante. No sabría como encajarlo en los perfiles que solía hacer en su trabajo. Ella se dedicaba a la psicología, y a bucear en las cuentas de correos de los que eran investigados. Si, su trabajo era interesante, y le había hecho conocer que todos tenemos que ocultar, que no somos tan coherentes como nos creemos, ni tan fieles, ni todo lo que decimos es verdad, ni tampoco mentira.

Lo había conocido en un chat, era su forma de conocer a gente, aunque siempre tenía la mala costumbre de meterse en sus cuentas de correo, y según viese, continuaba o no. Pensaba por supuesto que no era ético, ni correcto, pero ella no se lo iba a contar a nadie, sencillamente quería asegurarse de que había un mínimo de confiabilidad en la persona con la que quedaba. Primero un café, y si después todo evolucionaba bien… pues a quien no le gustaba una historia de amor.. eso si, cortita, porque enseguida se cansaba o se cansaban. No es que hubiera tenido muchas.. pero había tan pocas personas que encajasen en su perfil.

Había conocido a mucha gente, en persona pocas, pero él.. .. él era diferente. Su mirada, la retaba, y eso era algo que le producía una excitación especial. La cabeza rapada le daba ese aire de chico duro que dulcificaba en la sonrisa. Y no dudaba de cada palabra que salía de su boca. Sabía que podía confiar. Extrañamente confiaba en él.

– ¿En qué piensas? – esa voz rompió la habitación. – ¿Te ha asustado mi tatuaje?

Ella sonrío pero no se atrevía todavía a romper esa barrera , ese límite. Su asociabilidad, su tímidez, la hizo no abrir la boca.

Él se giró, y la miró directamente a los ojos.

– ¿Nena, tienes miedo?

Y ella, con su sonrisa serena movió la cabeza diciéndole que no.

– Sabes…. quiero saber más de tí… me gustas, no sabes hasta que punto.. y quiero tenerte cuanto más mejor.. ¿estás deacuerdo?

Ella asentía con la cabeza, sintiendo en su estómago un revoloteo de mariposas…

Cap. 2
El día estaba lleno de tareas que hacer. Últimamente entre las empresas que querían saber bien a quien contrataban, los individuos que querían que investigasen a sus parejas, para saber que hacen cuando nadie las vé, y las investigaciones curiosas sobre dossiers de personas, sin saber el porqué y para qué, tenía la mesa llena de post-it de “para ayer”.

Su trabajo, para ella era todo, su centro. Le daba estabilidad y seguridad. Podría haber alguien que trabajase como ella, pero mejor que ella lo dudaba. Pero no por elección, sino porque su mente trabajaba en unos parámetros diferentes. De tanto trabajar binariamente se había convertido en alguien binario. No sabía explicarlo. Y, al vivir con personas que parecen ser de una manera y luego son otras cuando conoces los entresijos de su vida, le había hecho ver que es difícil confiar en alguien. Y de que según las mentiras de cada uno, como podía saberse su verdad.

Cuantas veces había pasado un fin de semana en casa, encerrada de sábado a lunes por la mañana, metida en su pc, chateando, y conociendo a gente. Después era divertido entrar en su IP, conocer sus visitas, entrar en sus cuentas de correo, y saber que escriben, a quienes, qué se envían, de qué manera. Estaba en un punto en que nada de lo que le escribían la emocionaba, porque veía que en muchas ocasiones los mismos mails eran un corta-pega. En cierto modo perfeccionaba su forma de investigar, investigando más, pero en esas ocasiones, por deporte.. y como nadie iba a saberlo…. que más daba.

Pero llegó él. Si, el chico del tatoo, el chico de la determinación, el chico de la mirada dulcemente salvaje. El chico.. que .. decidió no husmear en su cuenta de correo, en su IP, en su teléfono.. pero sabía que .. tarde o temprano miraría, tarde o temprano vería que ..ella era otra más, y que sería el momento de pasar a ser otra menos.

Aunque fuese por una vez.. quería disfrutar del amor confiado, del amor seguro, del amor apasionado, sin límites, dejarse caer en brazos de alguien fuerte, hermoso, y además, que decía cosas tan hermosas.

Sonó el pitido del teléfono. Un sms.

” A las dos y media en el restaurante, “la abuela”, en la plaza Menorca. Te espero.”

Él era un mundo inexplorado, un universo desconocido, pero que la atraía como un imán, y que hacía que todos sus iones estuvieran enfocados hacia él. Sin poder resistirlo un escalofrío cálido la recorrió de pies a cabeza… y una sonrisa nerviosa se colocó en sus labios y seguía mirando el móvil.

Cap. 3

Le dolía todo el cuerpo. Había almorzado con él, y toda la comida había sido un mirarse y provocarse. Se había deleitado mirándolo. Su piel morena, sus ojos oscuros, tras unas gafas ligeras. Y los labios, podría morir por esos labios. Una boca amplia, generosa, con la sonrisa mas hermosa que había visto en su vida. Si, la paleta tenía un pequeño pico roto, que le daba un aire peculiar.. no sabría como definirlo. Y sus manos, grandes, suaves. Lo miraba, y no hacia nada más que mirarlo y sonreir.

– Eva… me miras y te callas.. eres más parlanchina por teléfono.

Ella sonreía y asentía.

– Te iba a comentar, este fin de semana tengo que ir a ver a mis padres. Sé que no va a ser como el fin de semana pasado, pero, quiero que me acompañes. Iremos en mi coche, una hora y media de camino.

Se quedó paralizada mirándolo a los ojos. Él mantenía la mirada y sonreía con descaro.

– Si, pero… ¿no es muy pronto, qué dirán tus padres?

– Nena, no es pronto, quiero estar contigo, y voy a rebañar cada día todo el tiempo para dedicarme a tí. Te voy a calar tan dentro, que no te darás cuenta que ya estamos en mi piel, y que la compartimos. Y.. mis padres, me respetan, me conocen, y ellos no tienen nada qué decir de quien llevo. Además, son estupendos, y estarán muy contentos de que los visite.

Después del postre, le dijo que él podría no ir a la oficina esa tarde.. y que si ella también podía hacer lo mismo, que la invitaba a un café en su casa, y alargó las palabras que eran la consecuencia de tanta provocación, de tantas miradas, de tantas búsquedas de las manos por encima de la mesa, y de las piernas por debajo de ella.

La tarde fue un romper límites con él, transgredir, confiar, entregarse, lúcidamente…. y la piel, el cuerpo, amándose con la dulzura de lo salvaje, como si no hubiera más día, ni más tiempo. La rudeza de sus manos, la suavidad de sus besos… cada vez su corazón era mas cautivo de esos labios, de esos ojos.

La vida la estaba premiando por tanta soledad, por tanta desconfianza, por tanto desamor.

Cap. 4

El fin de semana había sido maravilloso. Subía en el ascensor y se observaba en el espejo. Iván había sido cariñoso, y era un placer verlo desenvolverse con su familia. Lo único que la desconcertó fué la tarde del sábado que la dejó en casa con sus padres por un espacio de dos horas, decía que tenía que ver  a un amigo. A ella se le hicieron llevaderas las dos horas porque su madre era un encanto. Se vé que la mujer estaba contenta de que hubiese ido su hijo, y de verlo con ella.  Parece que le había caido bien a sus padres. Recordó la  frase que decía su abuela.. “si quieres a la col, tienes que querer a las hojitas de alrededor”. Sus mejillas tenían color, y la sonrisa, seguía mirándose en el espejo del ascensor asombrada de la luz.

Sacó la llave del bolso, y pensaba que le hubiera gustado que Iván subiese con ella, y que se hubiera quedado esa noche en su casa… aunque quizá todo iba demasiado rápido, y se sentía mareada. Abrió la llave, y cayó en la cuenta de que no tenía la doble vuelta como la había dejado el viernes antes de irse. Tensó su cuerpo, y pensó, si habría vuelto él, Arturo.  Es la única persona que tenía llaves de su casa, y es la única que iría sin avisarla. No solía hacerlo, solo en casos urgentes, importantes… ¿cuál sería la  urgencia?

– Buenas noches, Eva.

Se levantó, se acercó a ella, y cuando intentó besarla en los labios, ella se giró, y fué a parar a su mejilla.

– Disculpa, nena, la costumbre.

– No te  preocupes – y le ofreció una sonrisa serena, que él correspondió con otra.- Dime, ¿que te ha trae por aquí?

– Pues.. éste dossier. Échale un vistazo, y en cuanto puedas, quiero que me desnudes virtualmente a ese tipo. Quiero saberlo todo. Qué compra, qué contactos tiene, qué páginas visita, qué mails escribe, quiero saber.. hasta lo que no él no sabe de él mismo. Amigos, contactos.. todo. Y como siempre, ya sabes, máxima discreción.

Ella dejó su bolsa de viaje en el suelo, y se dirigió al sofá para coger el expediente y echarle un vistazo por encima. Mientras, pensaba en lo curioso de su relación con Arturo. Tuvieron un affaire. Son cosas que pasan cuando dos personas  se agradan físicamente e intelectualmente,  y existe esa química. Si definiera su relación sería más la palabra complicidad que la de pasión la que sería adecuada. Quizá fueron más amigos que amantes. También es cierto que Arturo estaba casado, y que .. cuando lo dejaron, esa fue su conclusión: él quería a su mujer, y estaba agusto con ella, pero, que no podía seguir siendo más que amigo. No obstante, Eva, por motivos de su propia seguridad, al estar tan sola, decidió que él siguiera teniendo las llaves de su casa. Arturo, pertenecía a la policía secreta, y llevaba mil temas. Recurría a ella para los trabajos “finos”. Más de una vez le había hecho el guiño de que trabajase más con la policía, pero ella, no quería, le gustaba su jefe,  y podía muchas veces trabajar en casa sin problemas.

Respiro profundamente mientras se sentaba y cogía el dossier.  Pero la respiración se le paró cuando abrió la carpeta y vio la foto pillada con un clip a un amplio historial.. la foto de Iván.

Cap. 5

Su boca estaba abierta, y más que abierta. Mientras, Arturo,  que se sentía como en su casa, se fué al frigorífico y sacó dos cervezas frescas. Le sirvió una a ella, y otra para él. Quería observar su reacción. La estaba vigilando siempre, no había podido dejar de estar pendiente de ella, de Eva, porque en cierto modo se sentía responsable, y la sentía suya. Y le repateaba verla con otro.

– Pero…. Iván es policía!!!

Dijo con asombro.

– Si, está infiltrado en un grupo mafioso, y queremos saber, hasta que punto solo está infiltrado. Los jefes no se fían. Han pinchado un par de operaciones, y no sabemos si podemos fiarnos de él.

Eva, cogiò el dossier, y lo cerró.

– No quiero.

-¿Qué?

– Que no Arturo, que no, los seguimientos lo hacéis vosotros, como buenamente podáis, pero en esta ocasión, paso.

– Por acostarte un par de veces con ese tío, que me cae fatal, ¿no vas a hacer un trabajo que para mí sería útil?

Empezaron a discutir. No soportaba que Arturo la presionara. La sacaba de sus casillas. Se levantó del sofá, y se dirigió al baño, quería refrescarse la cara, le ardía. Arturo se acercó a ella.

– Eva.. – cambio el tono de voz, un susurro suave.- Nena.. pasa de ese tío, lleva tanto tiempo con los malos, que ya no distingue… ven.. ven.. que es lo que buscas en él.. ¿esto?

Y la cogió por los brazos y empezó a besarla. Ella se tensó, pero qué narices estaba haciendo Arturo… se retiró de él.

– Te has pasado tres pueblos, ¿porque coño me besas? Tú y yo somos amigos, lo nuestro es historia.

– No, no es historia.

– Perdona, querido, te recuerdo que fuí segundo plato durante un tiempo; salí contigo a escondidas, sin poder darte la mano ni un beso a la luz del sol. Prefiero nada, a estar a escondidas. Yo no tengo que ocultarme de nadie. Si tu no eres coherente con tu vida, que te den. Yo no podría vivir así… mintiendo con quien te acuestas todas las noches. ¿Te imaginas que llamo a tu mujer, y le hablo de nosotros?

Arturo palideció.

– Et voilá!….  no vuelvas a besarme cabrón, o  te gasto la putada.

– Te tengo metida muy dentro…

– No, perdona, solo que lo que se te niega, se te hace mas apetitoso.. solo eso. Y ahora me has visto con Iván, y vienes a joderme. Dáme las llaves, y olvida que somos amigos. Cualquier trabajo que quieras de mi empresa, sigue el canal oportuno, mi jefe. Y él lo repartirá. Hay mas compañeros muy capaces de hacer lo que quieres.

– ¿Avisarás a Iván?

– Por supuesto.

– No lo hagas.

– Me importa un pimiento tu opinión. Yo haré lo que quiero, porque soy libre de hacer con mi vida lo que quiera, sin tener que dar explicaciones a nadie.

– Te ves muy valiente…

– Porque el amor me dá una fuerza que no creí tener…

– Pero él.. igual no está contigo porque te ame…

– Eres un capullo, siembras la duda… pero sabes, estoy segura de él, confió en él, y aunque me mostraras hojas y hojas con datos diciendo lo contrario, seguiría creyendole.

– ¿Qué tiene él para que lo creas?

– Que lo miro y me siento segura.

Sostuvo la mirada, mientras dejaba las llaves en la mesa, recogió el dosier, y salió del piso de Eva. Tenía unas ganas enormes de  darle una bofetada… se había atrevido a negarlo .. a él. Abrió la puerta y estaba allí Jon, con una bolsa. En ese momento, Iván lo miraba, y Arturo, rápidamente estaba pensando en qué decir. Pero la cara de enfado que llevaba, y el dossier en la mano… no dejaban dudas.

– ¿Qué haces aquí Sánchez?- fue el seco saludo que Iván le soltó a Arturo.

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