una copa de vino

Hora de hacer la cena y él rondaba en la cocina con ella. Hablaban de qué cenar.. y  dijeron .. “cualquier cosa”.

Él abrió una botella de vino. Lo sirvió en una copa.. y bebieron los dos en ella mientras picaban.

Empezaron a hablar y a mirarse.

Ella, empujada por el ambiente mágico que se había creado, abrió su corazón. Le cuesta, porque es consciente que a veces el “sentimiento” está mal visto.

Él la besa y le comenta que lo ha sorprendido.. y que no sabe si todo va muy rápido.

Ella sencillamente sonríe. Rápido, lento, ¿donde está el estándar? Quizá ella en eso nunca ha medido. Siempre ha dejado fluir lo que sentía. No retener pensamientos ni sentimientos.

Recuerda en ese instante una historia pasada.. cuando ella manifestó sus sentimientos, la reacción de él fue clara..  y fue cuando empezó a desmadejar sentimientos.

Pero eso es ayer..  y hoy, está con él. No tiene nada que ver con lo anteriormente vivido. Es otro. Ofrece un tipo de relación que a ella la hace sentir cómoda, cómplice, serena.

Serenidad.. ese grial que ella busca en sus meditaciones, en sus ejercicios, en sus luchas, en sus confusiones, en sus caos.

Pero de una manera inesperada, cuando menos buscaba, encontró que una mano sobre la suya es capaz de acompasar su corazón y tranquilizarlo.

… dulce serenidad…

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